Pedro de Urdemalas

Referencia: 
0523n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Justo Fuentes Guirado
  3. Edad del informante: 
    80
  4. Localidad: 
    Cazorla (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Manuel Rodríguez Arévalo
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 6 Junio, 2018
  8. Notas: 

    Se trata de una variante de los cuentos de Pedro de Urdemalas, con algunos motivos muy difundidos, como el del Tipo 1060 (Exprimiendo la piedra), en el que el héroe-pícaro sustituye la piedra por un pedazo de queso (motivo K 62) para engañar al ogro (en esta original versión, un grupo de monjes).

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y al  Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

    Agradecemos la colaboración de Miguel Cuadros Arias, responsable del Centro de Adultos de Peal de Becerro (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos del informante:
    Justo nació en Cazorla. Se crio en el campo, en los términos de Cazorla y Chilluévar. Más tarde, se trasladó a la localidad de Cazorla hasta que se mudó a Peal de Becerro con su hija. Ha sido porquero, mulero, maquinista de segadoras, fontanero, esquilador y fotógrafo. Su padre era natural de Almería y su madre nació en un cortijo de Cazorla.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.3. Cuentos novelescos
  3. ¶: 
    Voy a contar el chiste │ el cuento de..., de Periquillo Zamarra. Eso, Periquillo Zamarra pues era uno que se iba por los cortijos y..., y le guardaba a uno los marranos, a otro le hacía otra cosa. Y entonces llegó a un convento y se metió allí en el convento. Pero dicen los del convento, le dicen:
    —Mira, te vas con los marranos —dice—, pero al castillo ese que hay ahí enfrente —dice—, ahí no te vayas con marranos que, que es de unos monjes y, como los monjes te pillen, te matan—.
    Pues él dijo: “¿Adónde me voy con los marranos? Pues a lo de los monjes, que está la yerba...” —allí no se metía nadie y estaba la yerba mu hermosa.
    Pues llega con los marranos allí y, y se │ le pidió al amo de merienda un peazo tocino grande, blanco, to lo grande que pudiera. Y entonces vienen los monjes, dice:
    —Hombre, ¿quién te ha mandao a ti de entrar aquí?—.
    Dice:
    —¿Que quién me ha mandao? —dice— Yo. Yo soy Periquillo Zamarra —dice— y lo mismo que cojo esta piedra —cogió el peazo tocino, dice, y la exprimió, dice. Fue a apretarle y echaba aquello un chorro pringue...—.
    Dice:
    —Lo mismo que cojo esta piedra y echa pringue —dice—, los cojo a ustés y echan pringue también—.
    Pues le cobraron miedo y se fueron. Y..., y, y dice │ A otro día, Periquillo, allí con los marranos, a lo de los monjes. Pues los monjes salen y dicen:
    —Hoy vamos a ir nosotros, a ver si...—.
    Y se │ y pidió una barrena, hizo un roto, una carrasca grande, le puso la concha, y la atravesó con la barrena gorda. Pos llegó al │ Dice:
    —Si ustés me quieren hacer algo —dice—, lo mismo que le pego yo un puñetazo a una carrasca de estas y la atravieso —dice—, lo mismo los atravieso a ustés—.
    Dice:
    —A ver—.
    Llega la carrasca donde él le había hecho el roto, “¡pom!”, metió el brazo y salió la mano por el otro lao. Pues:
    —¡Uy!, este es una fiera, este no..., aquí con este no nos podemos meter. —Pues se van.
    A, a la noche, los marranos inflaos a comer. Llegan al cortijo y dice:
    —Pero, Periquillo, ¿dónde has estao?—.
     Dice:
    —He estao ahí en el m- │—.
    Dice:
    —Pero hombre —dice—, ¿no ves que esos te cogen y te matan?—.
    Dice:
    —No, no, yo les meto miedo y a mí no me hacen na—.
    Total, que a otro día se fue también allí y les pidió que le dieran un..., un peazo pan y, y tocino pa comer. Pues, llegan los monjes y, y:
    —¿Conque tú eres?—.
    Dice:
    —Sí—.
    Dice │ Pero llevó el pan y se lo dio a un..., a un gitano. Pasaba por allí y le dio al gitano el pan y, y lo que le habían dao pa comer.  Y dice:
    —Mira —dice—, pásate por ahí, po’nfrente del, del convento ese y di: “Yo soy Periquillo Zamarra —dice— y, y vengo a, a mantener aquí mis cabras” —dice—, pero date..., que te pillan y te matan—.
    Pues los monjes salieron corriendo detrás del gitano, ¡pero cualquiera pillaba al gitano! El gitano traspuso... y no lo pudieron coger.
    Pues ya vinieron hartos de, de correr por allí, y a otro día dice │ cogieron a los marranos y, y dice, y lo │ Periquillo y los metió en un, en un cenaguero, les cortó el rabo y puso el rabo hincao en, en to el cenaguero. Y entonces, los │ como los había vendío, viene el amo:
    —¿Y los marranos?—.
    Dice:
    —Los marranos se han metío en el cenaguero y no puedo sacarlos—.
    Dice:
    —Pues asoma el rabo—.
    Dice │ y cogían │ y tiraban el rabo y se azocaban*. Dice:
    —Este se ha azocao; el otro, también—.
    Total, que perdió tos los... Entonces, se fueron a..., a llevar a..., a, a, a │ Ya no tenían más cosas que hacer, y dice:
    —¿Mañana, qué quieres │ qué haces, Periquillo?—.
    Dice:
    —Mañana —dice—, me dan un par de bueyes —dice— y un carro —dice—, que voy a ir a visitar a los monjes—.
    Pos fue allí a lo de los monjes y, y llegan los monjes allí, que era Periquillo Zamarra, ¡con un miedo...! Dice:
    —Haced to lo que sus diga, no, no hacer otra cosa, que..., que este, este hombre es mu malo y nos puede matar—.
    Total que se │ llega y dice:
    —Esta noche —dice, dice—, vamos a dormir aquí —dijo Periquín, dice—; esta noche, vamos a dormir aquí —dice—, pero vosotros —dice— tenéis que dormir con cuidao de no vayáis a cagaros, ¿eh? —dice—, no, no vayáis a cagaros.
    —¡No, no, yo no!—.
    Total, que tos se durmieron con la mano puesta pa que no, no cagarse. Y Periquillo, ¿qué hizo? Asó una calabaza, la puso mu ternica, cuando, de madrugá, como habían estao corriendo detrás el gitano y habían hecho tanta... los monjes, cogió un puñao de, de..., de calabaza y se lo echó a tos en el culo, a tos se lo fue echando en el culo. Y entonces, Periquillo se dispierta, dice:
    —¡Venga, a ver, el que no haya │ el que no se haya cagao, eh!—.
    Un, un │ dice:
    —¡Oye!, yo me he cagao—.
    Le dice al otro y dice:
    —¡Sí, pos yo también!—.
    Pues el otro, tos se habían cagao. Dice:
    —Ahora, Periquillo, ¿qué?—.
    Periquillo cogió un látigo y le hizo un roto a la puerta allí chico, y dice:
    —Venga, tos tenéis que salir por ahí—.
    Y se lio a latigazos con ellos... Y, y, a, a, y hasta │ tos salieron por el roto la puerta. Y entonces, él cargó el carro de jamones y de to lo que tenían allí bueno, y se lo llevó al cortijo.
    —¡Pero, hombre, Periquillo!—.
    Dice:
    —Esto es un..., un ese que me han dao de donativo los monjes, un presente—.
    Total, que se fue allí y dice:
    —Pues ya no vayas más—.
    Dice:
    —¿No? —dice— Les he dicho que me traigan mañana un carro de trigo y un carro de, de a-, de avena pa los animales, que me traigan los jamones que no han podío traerme, que me traigan, en fin, de to lo mejor que tenían allí los monjes—.
    Pues, a otro día, lo cargaron to en carros y to, ¡ala, a llevárselo a, a │ allí, al cortijo! Y entonces, Jaimito, ese, Periquito, pues se había traído un traje de un monje y..., y se lo │ lo tenía allí. Pues cogió y lo llenó de paja y lo colgó en la chimenea, y entonces los puso a tos y les dio vino pa que lo vieran. Y cogían y bebían y miraban p’arriba, y veían el monje allí colgao, uno allí colgao, y dicía al otro:
    —¡Chist! Toma, yo no quiero más—.
    Y aquel al otro, y aquel al otro, y tos mirar p’arriba y vían el tío allí colgao. Dice:
    —Pero, este tío, ¿qué │ por qué está colgao?—.
    Dice:
    —¿Qué pasa? ¿Ya no queréis comer?—.
    Dice:
    —No, no, ya no queremos, es que nos se ha cortao el cuerpo y ya no queremos comer—.
    Dice:
    —No, no, tenéis que seguir comiendo —dice—. ¿No será por ese que tengo colgao ahí por lo que no coméis? —dice— Ese es que vino aquí a mi casa —dice—, hizo una trastá mu mala —dice— y por eso lo colgué —dice—. A ver si vosotros... Mañana tenéis que traerme cuarenta mil duros —en pesetas, que entonces eran las pesetas lo que había. Dice—, cuarenta mil duros—.
    Cogen y traen los cuarenta mil duros y, y los echaron a correr con el, el │ con │ detrás el gitano, y, y, el cuento se ha acabao, colorín, colorao.
  4. Subcategoría

    1.2.3. Cuentos novelescos