La hijastra trabajadora y el gorrino

Referencia: 
0034n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    M.ª del Señor Martínez Caro
  3. Edad del informante: 
    69
  4. Localidad: 
    Beas de Segura
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Marta Urea Herrador
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 31 Octubre, 2015
  8. Notas: 

    Ocupación de la informante: 
    M.ª del Señor Martínez Caro: labores del hogar

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.3. Cuentos novelescos
  3. ¶: 

    Esto era un vecino viudo y una vecina viuda también, cada uno por su lao, pero la vecina quería enganchar al vecino. Y entonces a la nena po la peinaba, le hacía esto, lo otro… | ¡Ay, tu padre!, si quiera… Total, que se lía con el padre de la chiquilla. Dice: 
    —Padre, ¿por qué no te juntas con Fulanica?— (No sé el nombre). Bueno, dice: 
    —Que no. No seas tonta, que entonces— | (Porque la vecina también tenía su hija, y él su hija, en fin…). Dice: 
    —Porque entonces tú vas a ser la que vas a estar…| vas a ser la criada y su hija la… la niña bonita—.
    Total, que tanto, tanto, la… | lo… | que dijo: 
    —Pos bueno, pues mira, ¡pues vamos a hacerlo!
    Se | Cogían, cenaban… a su hija:
    —Tú, lávate las manos y vete a acostar—. 
    Y la hijastra, la del hombre, pues a fregar y a hacer toas las cosas.
    —Y lávate las manos y a acostar—. A la hija, venga.

    Total, que ya se hicieron grandes y se casaron. Y luego ya el padre, cuando ya se casaron las dos, dice:
    —Hija mía, a ver dónde echáis el agua de fregar—. (Antiguamente ya sabes tú a quién se le daba, a los gorrinos). Bueno, y a la hija de la hijastra lo mismo se lo decía:
    —Hija mía, a ver dónde echáis el agua de fregar—.
    Bueno, pues ya está, se van, llega | pasa el tiempo y dice la | el hombre, dice:
    —Vamos a hacer la matanza. Tenemos que invitar a nuestras hijas—.
    Y se ponía la de la mujer:
    —No… déjalas…. ¿Pa qué?
    —Sí, sí, sí… a nuestras hijas hay que invitarlas. Hay que invitarlas, que vengan a la matanza—. 
    Total, que van a invitarlas. Van primero a la de | la hija de ella. Dice:
    —Fulanica, ¿ónde echá | ónde tienes el agua de fregar?
    —Venga usted, aquí—. 
    La tinaja, tenía una tinaja y echaba el agua de fregar.
    —¡Ah!, ¿sí? Bueno vale, vale. Muy bien— (...)
    Total que se va a invitar a la del hombre. Dice:
    —Que tenéis que venir a la matanza y que…
    —¡Sí, sí, padre! ¡Cómo no! ¡Claro, a la matanza tenemos que ir nosotros!— Total que dice:
    —¿Y el agua de fregar dónde la tenéis?
    —Pase usted, padre—.
    Tenía un gorrino así de grande. Un gorrino había críao. (Porque, mira, antes como se fregaba con jabón y eso era bueno pa los animales… Entonces el agua de fregar se le daba a los gorrinos, es verdad. Yo por lo menos me acuerdo de eso. No sé si vosotros porque… (….) eso tenía su alimento, ¿sabes? En fin, a los gorrinos se le daba).

    Entonces ya llega el día y vivían así en un cortijo y se asoma y las ve venir por allí el padre:
    —¡Fulanica, asómate, que ya vienen nuestras hijas por allí!
    —¡Anda, déjalo…! Si yo…
    —¡Que sí, mujer!, ¡ven acá! Mira, lávate las... | trasnocha y madruga liá en su manta y montá en su mula, y lávate las manos y vete a acostar andandico y liaica en un costal—.
    Que a la otra le hacían trabajar (...)

  4. Subcategoría

    1.2.3. Cuentos novelescos