La doncella en la torre [ATU 310]

Referencia: 
0122n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Antonia Jiménez Bergillos
  3. Edad del informante: 
    70
  4. Localidad: 
    Villargordo
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Jesús Ordóñez Jiménez
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 14 Febrero, 2016
  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.1. Cuentos de magia
  3. ¶: 

    Era un matrimonio que eran muy felices, y le dijo la mujer al marido:
    ―Esteban, ve al huerto vecino y traite una lechuga.
    Dice:
    ―No, porque si es de la bruja Coruja, y si se entera querrá vengarse.
    ―Anda, date prisa, que la comida se está enfriando.
    Y fue Esteban, cogió la lechuga y, cuando la tenía en las manos, se le presentó la, la bruja:
    ―¿Cómo te has atrevido a entrar al huerto vecino, y has arrancao la mejor de mis lechugas?
    ―Tened compasión, bruja Curuja.
    Dice:
    ―¿Compasión, eh? La primera hija que tengáis me la llevaré para mí.
    Empezó a reír y se fue volando con un olor a azufre. Y…, y cuando tuvo la niña, que de nombre se pusieron Lucerito, se apareció la bruja, se la quitó y la subió a lo alto de…, del castillo y cerró la puerta y la dejó allí, encerrá en la torre. Y la niña iba creciendo, creciendo, y las trenzas cada vez más largas, más largas, y un día estaba cantando allí. Ella estaba encerrá, y decía:

    Sola y solita yo estoy,
    encerrada en esta torre,
    y un príncipe aquí vendrá
    a sacarme de esta torre,
    oh, oh, oh, oh.

    Y pasa por allí el príncipe en un caballo:
    ―¿Quién canta ahí, en el castillo de la bruja Coruja?
    ―Soy yo, que estoy aquí encerrada, aquí.
    Dice:
    ―Asomaos pa que os vea.
    Y Lucerito se asomó por una ventana, y dice el príncipe:
    ―Oh, qué hermosa sois, qué radiante es vuestra belleza. ¿Cómo podré llegar hasta ahí?
    Dice:
    ―De ninguna manera, porque si la bruja Curuja se entera os dejara ciego, pero si no la teméis puedo echar mis trenzas.
    Y Lucerito echó sus trenzas, donde el príncipe trepó por ellas, y cuando estaba allí arriba llego la bruja:
    ―Principillo, principillo, ¿cómo te has atrevido a entrar hasta aquí?
    Y Lucerito le dijo:
    ―Tened compasión, bruja Coruja.
    ―¿Compasión, eh? Principillo, principillo. Ciego tienes que quedar. Mejor dicho, no verás.
    Y salió la bruja volando, dejándose toas las puertas del castillo abiertas, con un torrente de humo, azufre negro, y Lucerito le cogió la cabeza al príncipe, y empezó a llorar:
    ―¡Qué desgraciados somos! ¿Qué va a ser de nosotros?
    Y dice el príncipe:
    ―¿Qué es esto que me mojan mis ojos?
    Dice:
    ―Son mis lágrimas. Os amo tanto…
    Dice:
    ―Oh, ya vuelvo a ver. Ya vuelvo a ver. Vuestras lágrimas me han curado. Huyamos de este maldito castillo. Mi pala-, mi, mi caballo nos espera.
    Entonces la montó en el caballo, se la presentó al rey, y ya pues se casaron y fueron muy felices. Y yo, que estaba allí, me regalaron unos zapaticos de pasta, y en mitad del camino me quedé descalza.

  4. Subcategoría

    1.2.1. Cuentos de magia