El ramo de flores mágico y el rey pájaro

Referencia: 
0476n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juana García González
  3. Edad del informante: 
    83
  4. Localidad: 
    Cazorla (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano y Manuel Rodríguez Arévalo
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 24 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la colaboración de Raúl Sánchez Guerrero, responsable del Centro de Adultos de Cazorla (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Juana nació y se crio en un cortijo cercano a Cazorla.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.1. Cuentos de magia
  3. ¶: 
    Bueno, esto era una vez un hombre que tenía | se quedó viudo el hombre, se quedó viudo con una hija. Y había enfrente una vecina con tres hijas, y to los días le decía:
    —Dile a tu padre que se case conmigo, que pa ti van las sopas de miel y pa mis hijas, las de hiel—.
    Y el padre | A la noche iba el padre y la hija le decía:
    —Papa…—.
    Y le decía:
    —¡Hija mía, que eso es al revés!—.
    Du | da | Dice: [gesto de resignación.]
    A otro día:
    —¿Qué te ha dicho tu padre?—.
    Dice:
    —Que no, que mi padre no se casa, que se acuerda de mi madre y no se acuerda de… eso—.
    Y dice:
    —Mira, esta noche, cuando venga, que hoy viene mojao, le pones los calzones en la lumbre —dice—, y amanecen quemaos —dice—, y ya tiene que eso. A ver si se decide—.
    Total, que se acuesta el hombre. Viene ahí chorreando y los pone en la silla los calzones. Y se levanta y dice | Estaban los calzones hechos polvo. Dice:
    —Hija mía, tú misma te lo has buscao—.
    Y entonces ya dice:
    —Dile a esa mujer que sí me voy a casar con ella—.
    Claro [¿…?] No ganaban dinero y, como el hombre tenía tres hijas, y la mujer, bueno. Dice:
    —Pues bueno, voy a ir de viaje, ¿qué queréis que sos traiga?—.
    Le dijo, le dice una:
    —Yo, unos zapatos —la hijastra—, yo unos zapatos—.
    Y dice, dice:
    —Yo, un abrigo—.
    Y dice:
    —Y tú, hija, ¿qué me has dicho que te traiga?—.
    Dice:
    —A mí es que me ha dicho que le traiga un ramo de flores—.
    Dice:
    —¡Mira, qué orgullosa, un ramo de flores!, ¿pa qué quieres flores si eso se secan?—.
    Dice:
    —Pos, yo qué sé, yo le he traío a mi hija lo que me ha dicho —dice—; luego me paso yo con toas sus cosas y salió a por [¿…?]—.
    Y la hija, pos ya el padre se murió, y le dejó el ramo de flores —las flores no se moriaban—. Y la hija decía toas las noches, decía:
    —Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores?—.
     Y venía un pájaro y, y, se no- | y se esplumaba, y le dejaba un, un chorro en el, en la, en la maceta. Y, y ella vivía agobiá, que ella vivía sola en su casa mu bien, y las otras decían:
    —Pero, ¿quién ve a esta?, ¿de qué vive esta que no trabaja? Esta, ¿de quién vive?—.
    Y a otro día, otra vez:
    —Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores?—.
    Dicía | Y venía otra vez el pájaro verde y le echaban eso. Y dice la otra:
    —Pero, ¿de quién vive? Esta noche me voy a dormir con ella —dijo una—, y veo yo lo que le, lo que le pasa—.
    Pues fue, dice:
    —¿Qué haces?—.
    Dice:
    —Mira, aquí estoy —dice—, que me ha pegao mi madre. Me ha pegao mi madre y no tengo dónde dormir—.
    Dijo:
    —Vente y duerme conmigo—.
    Dice:
    —Pos bueno—.
    Era lo que, que, lo que ella quería. Dice:
    —¡Venga, vamos a cenar!—.
    Y cenó. Y le dio vino y se emborrachó. Y se durmió. Y cuando se durmió, vio el pájaro y dijo:
    —Ramito de flores, ¿no viene el rey de amores? —Y se llenó otra vez la esa.
    Y a otro día, se levantó y dice:
    —¿Qué hacía?
    —Mama, no he visto na, porque cené muncho, cosas que muncho me gustaban —dice—, y me dormí y yo no he visto na. Y yo, no tiene na, allí no se ve nadie, allí no entra nadie.
    —Bueno —dice la otra—, ¡yo, verás cómo me entero yo!
    —Bueno—.
    Otro día pasó. Dice:
    —¿Qué?—.
    Dice:
    —Mi madre me ha pegao. Antes pegó a la otra y ahora me ha pegao a mí —dice—, y no tengo dónde ir—.
    Dice:
    —Duerme conmigo—.
    Bueno, eso es mu largo, ¿eh? Dice:
    — Duerme conmigo—.
    Dice | forti | que igual le da.
    —¿Comes?
    —No he comío —dice.
    Y le dio otra vez la misma comía, el vino y, y, y se durmió. Y la otra le dice:
    —Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores?—.
    Y venía el pájaro y le llenaba la maceta de oro.
    Y dice:
    —Madre, yo no he visto na—.
    Y dice:
    —¡Si es que sois tontas! Ibais enmayás —dice—, y no sos habéis fijao en que sus ha dao, sus ha dao veneno, y mira cómo venís —dice—. Esta noche me voy a ir yo—.
    Total, la madre era más lista, pero… Dice:
    —¿Qué pasa?—.
    Dice:
    —¿Mis hijas han dormío aquí?—.
    Dice:
    —¡Ea!—.
    Le dice:
    —Yo estoy... con las niñas mu enfadá porque se- | no me hacen na, son mu malas y mu perras —y dice—; y yo, pues estoy mu enfadá con ellas.
    Y dice:
    —Pues duerma usted aquí esta noche conmigo—.
    Bueno, pos que lo que qui- | lo que quería era dormir. [¿…?] Dice
    —No, yo no…—.
    Cenó, pero no bebió vino. Y se acostó y la o- | Y ella, cuando hacía así, se dormía, y la otra le dijo:
    —Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores?—.
    Y entonces, vino el, el ese, el, el re- | su | el eso.
    Y dice:
    —¡Verás cómo sí! —dice— Mañana, mañana me vengo otra vez—.
    Dice:
    —Como usted quiera—.
    Y por | Machacó una botella de, de cristal del menudillo, to lo menudos que pudo, lo machacó una botella.
    Dice:
    —¡Ya estoy aquí otra vez!—.
    Y cuando ella se ro- | la otra se acostó, le pusieron en la, la maceta to los cristales. Y, y cuando eso:
    —Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores? —Porque la tía había visto que venía el pájaro cuando eso—.
    Dice:
    —¿No vendrá el rey de amores?—.
    Y se metió el pájaro y se quedó, pues esollao vivo de los [¿cristales?] Y ya no lo vio más, ya se fue el pájaro y no lo volvió a ver. Y ella lloraba y decía:
    —Pues, ¿qué habrá pasao que no ha venío, que ya…?—.
    Y allí ya la otra:
    —¡Que se fue, que ya has tenío bastante!—.
    Bueno, pues por la noche siente las, las tórtolas, dos tórtolas en el | en un pino que había enfrente. Dice:
    —¿No sabes que está el rey pa morirse?—.
    Dice:
    —¿Qué ha pasao?—.
    Dice:
    —Pos que está mu malico pa morirse el rey —dice—, está mu malo —dice—, pero se cura con una cosa que no la podemos decir—.
    Dice la otra:
    —¿Por qué?
    —Porque se cura con nuestra rodilla. Machacándola, quemándola, vamos, friéndola y machacándole los polvos esos y echándoselos —y dijo—; con eso se cura—.
    Pos ella, lo tuvo esa inquietud. Se levantó, se subió al pino, cogió la, la, la tórtola, la friyó la rodilla, y se colo-, colocó en una tienda. Dice:
    —Quiero un traje de médico—.
    Dice:
    —¿Médico? ¿Pa qué quiere usted un traje de médico?
    —Pues un traje de médico que quiero yo. [¿…?] ilusión—.
    Y dice, le dieron el traje de médico y fue a la casa del rey. Y dice:
    —Quie-, quiero ver al rey—.
    Dice:
    —¡Uh, qué lastima! Ahora está muriéndose—.
    Dice:
    —Bueno, manque esté muriéndose, yo quiero verlo, si puede ser—.
    Y dicen las, los [¿…?]:
    —Es usted mu rara, reina —dice—, es usted mu esaboría. Tampoco una mujer | un médico ha venío. Algo le dirán—.
    Total, que lo dejaron pasar. Y entonces dice:
    —Me tienen que dejar sola—.
    Y la dejaron sola, y en toas las herías que tenía, que, que le habían hecho, le echó los polvicos aquellos, y el rey se mejoró. Y a otro día fue otra vez, y a otro día, otra vez, y ya se mejoró. Y dice:
    —Bueno, ¿qué, qué le debemos?—.
    Dice:
    —A mí no me deben na —dice—, yo no—.
    Dice:
    —No, hay que darle lo que sea porque una cosa usted me dijo, que mi hijo valía más que to eso—.
    Dice:
    —Mire usted, si a un caso me dan, me den | que me den la corona—.
    Dice:
    —¡Uy!, la corona, no puede ser—.
    Y la moza con una cara risa le dice:
    —La corona se la puede usted dar, que le harán otra, porque su hijo está vivo y estaba muriéndose—.
    Total, que ya que [¿…?], le dio la corona. Y ya ella se fue a su casa y se | y empezó aquí | y vio la maceta que estaba como estaba, y todo aquello estaba lleno vidrio. Y entonces la puso otra vez limpia la maceta y le puso | Y dijo, dice:
    —Sa- | Re- | Ramito de flores, ¿no vendrá el rey de amores?—.
    Y asomó con un puñal pa matarla. Y le dijo, dice:
    —No me mates, que te he salvao—.
    Dice:
    —¿Cómo que me vas a salvao? —dice— Demuéstramelo—.
    Dice:
    —Mira tu corona, aquí está—.
    Y se, y se salvó y eso pasó. Colorín, colorao, el cuento se ha acabao.
  4. Subcategoría

    1.2.1. Cuentos de magia