El juego del tirapalo y otros entretenientos

Referencia: 
0396n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Joaquina Sampedro y Manuel Prada
  3. Edad del informante: 
    55 y 70
  4. Localidad: 
    Santiago de la Requejada
  5. Provincia: 
    Zamora, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González, Félix Pérez y José Antonio Ortega
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 1 Enero, 1981
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00010A 10)

    En los fondos del Museo Joaquín Díaz podemos encontrar grabaciones en video del gaitero interpretando alguno de los temas de esta entrevista.

    Otros datos de los  informantes:

    Manuel es el gaitero de Santiago de la Requejada. Joaquina y Severiano son su mujer y su hijo.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    3.8. Costumbres y tradiciones
  3. ¶: 
    Recopilador: —¿Y en esos seranos que se hacían no se contaban cuentos?
    Joaquina: —¡Uy, cuentos! ¡Ay, cuen-! ¡Y más que cuentos se contaban! Que íbamos cansadas. Fíjese que [¿…?] y yo nos juntamos pa un chi- | pa Luis, el primo Luis, Amparo, Elvira y yo. Y…, y yo, la burra primera, ¿sabe?, poníanos | Por ejemplo, se sentaba él así ahí, con los pies hacia mí, así como usted, sí, pie con pie, y poníamos un palo, a ver quién era el que nos levantaba.
    Manuel: —Al tirapalo.
    Joaquina: —Al tirapalo.
    Manuel: —Eso se llamaba el tirapalo.
    Joaquina: —Bueno, entonces claro, a una espacio levantaba, pero:
    —¡A tres, os levanto a tres! Bueno, os vais a poner Amparo, tú y Elvira—.
    Bueno, pues Amparo se ha puesto así, con las piernas chancadas, como le llamamos nosotros, al…, a… | pero sentaos en el suelo, en el mismo suelo, y la otra por atrás. Y yo agarrada al palo y ellas se agarran a mí. Y él creyó que nos llevaba a nosotras, pero le pegamos un empujón y lo echamos para arriba nosotras. Estaba así de personal; una juerga y una vergüenza que se pasó Luis, que nunca le decía na a mujer ninguna ni na. Era más cobarde…
    Manuel: —Eso del tirapalo sí sabes cómo es, ¿sabes? Eso del tirapalo, ¿no sabes lo que es? ¿No? Pues se po- | se sientan dos en el suelo, y entonces juntan pie con pie y ponen el palo en el medio, encima de los pies, y entonces cogen el palo y…
    Recopilador: —Tiran uno de un lao y…
    Manuel: —...y…, y uno tira p’allá y el otro tira p’acá. Pero claro, cuando…
    Recopilador: —Si tiras tú más, levantas al otro.
    Joaquina: —Me llevas.
    Recopilador: —Sí, sí, ya sé, sí.
    Manuel: —Pero, cuando había así fuerzas niveladas y malicia nivelada también…
    Recopilador: —Se levantaban los dos.
    Manuel: —…como hay malicia | ¡No, no!, se dedicaban a tutubear los pies…
    Joaquina: —No, no, pero eso era cuando no se iban [¿…?]
    Manuel: —…y se abrían de piernas.
    Joaquina: —Bueno, dice él. ¡No! Bueno, bueno, bueno…
    Manuel: —Sí, y cuando | ¡Oye! Bueno, bueno, bueno… Si lo hice yo, lo hice yo, lo hice yo.
    Joaquina: —Bueno, tú habla por ti, que tú siempre tuviste mucha malicia.
    Manuel: —Entonces claro, nos juntábamos con las | había mozas que eran forzudas también:
    —Vamos al tirapalo.
    —¡Ve al tirapalo!—.
    Poníamos los pies bien juntos y tirábamos del palo. Después, uno malicioso, uno malicioso, abría la pie-, un pie para un lao, y el otro se le marcaba pa…, pa la barriga de ella.
    Joaquina: —¿Sabes otra faena que nos ha pasao, otra faena que nos ha pasao una vez? Vamos a hablar así, pero marranás, no, marranás, no. Pues nos dio ganas de mear, y salíamos cada dos o cada tres [¿…?]; siempre salíamos así, y ya salíamos a…, al…, por allí adonde podíamos. Marchamos aonde, ¿usted sabe lo que es heneros de la paja?
    Manuel: —Eso son los montones de paja…
    Joaquina: —Pues el pajar. Marchamos a una era y antes las bragas, pues claro, no había cintas y bragas, casi pocas. Y ent- | Hacíamos las bragas con cinta, le poníamos cinta en…, de…, de goma. En total, que llegamos allí a un henero. Íbamos las tres, nos levantamos mu malas cuando con una linterna nos saltaron por atrás.
    Manuel: —¡Uy, qué alegría, madre de Dios! Le buscaron el pajar.
    Joaquina: —Pues mira, a la que le…, a la que le han podido ver algo ha sido a Lucía, la única. Le han visto algo ha sido a Lucía. Yo, como yo no se me bajaban las bragas, no podía caminar porque llevaba cintas, había un charco de agua hasta así, vamos, “¡pum!”, me meto dentro del agua. Y vengo | Y vemos unas escaleras arriba, hoy son las de…, las de…, las de [¿…?] y son unas cuantas pasadas | peldaños que hay que subir, pero ninguna queríamos ser la última. Una empuja a ti y otra empuja a mí, y ellos detrás de nosotras embalaos, pero con otra vuelta. Total, que subo la escalera y llego a la puerta, “¡pum!”, me cojo las bragas toas mojadas y las tiro p’allá en un rincón; entramos p’aquí como si no hubiera pasao nada. No se enteraron ni de quiénes éramos las que habíamos sido. Entonces, ya estábamos allí todos reunidos de juerga y, al ratito, dicen:
    —Na, pues mira la que fue es la que tiene la paja en la cabeza—.
    Y Andrea, que no había sido, echó mano…, echó mano y no había estao allí más. ¡Qué vergüenza! Pero de esas nos pasaban muchísimas.
    Manuel: —No cuentes eso, que está grabando, mujer, y no se rían de ti en Valladolid.
    Joaquina: —¡Ay, por Dios!
    Manuel: —No se rían de ti por allí.
    Recopilador: —En León, es en León.
    Joaquina: —Otra vez, ya verá, marchamos todas las sobrinas de León detrás de unas casas. Y ese Luis, mi primo Luis, pues iba a echarle yerba a las vacas, porque a medianoche a las que están paridas se les da hierba, y nos buscó la emboscada de meterse donde Manolo y Mariana, aquel callejón que hay, para salir a asustarnos. Total, que salíamos las tres por allí, para allí, unas vueltas.
    Manuel: —¡No, que eso es igual! Son cosas del pueblo.
    Joaquina: —No, porque eso es feo.
    Manuel: —¿Cómo que feo? Bueno, más bonito es ver mear a una mujer.
    Joaquina: —Y unas vueltas para acá, las tres así, agarradas del brazo, cuando nos sentimos mover allí:
    —¡Uy, pues aquí hay algo!—.
    Y, claro, pues nos sorprendimos un poco. Marchamos p’atrás y quieto aquello. Y en el jardín nos agarra, como estaba oscuro; no había luz como ahora, que solo era el candil. Digo yo:
    —Espera, vamos a pedradas—.
    Marchamos a coger piedras ahí a la finca. Dice:
    —¡Coño, no jodáis, que soy yo!
    Recopilador: —Salió…, salió partido.
    Joaquina: —Eso le pasó al primo Luis. Y así como esas hacíamos cincuenta mil, ¡bueno!
  4. Subcategoría

    3.8. Costumbres y tradiciones