El hijo lagarto

Referencia: 
0306n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Chari Ramírez
  3. Edad del informante: 
    75
  4. Localidad: 
    San José de la Rábita
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 24 Abril, 2017
  8. Notas: 

    Otros datos de la informante:

    Chari nació y se crio en San José de la Rábita. Se ha dedicado a las labores domésticas y a las faenas del campo.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.1. Cuentos de magia
  3. ¶: 

    Eso era una madre, ¿no te la sabías? Una madre que no tenía hijos, que no podría tener hijos. Y entonces | Me la sé a trozos, ¿eh?, que yo no me acuerdo. No podía tener hijos, y entonces dice: —¡Ay, Dios mío!—. Ya esesperaíca del to, pero del to ya. No podía tener familia [...]. Y…, y dice la… la mujer, dice: —Yo prefería un hijo. Y, aunque fuera lagarto—. La mujer ya lo dejaba, otras cosas que hay que pedir, ya pidió eso. Ya pidió eso.

    Bueno, pues se quedó embarazá y…, y…, y tuvo un niño, pero que era un lagarto. Ella parió un lagarto, que no era otra cosa, era un lagarto. De esas cosas que nacen raras. Y la mujer pos lo quería; era su hijo y ella lo había pedío así y lo quería. Y lloraba: —¡Ay, Dios mío!, pues serás un castigo. Pues si eres mi castigo, yo lo tengo que…, que cuidar y querer y ya’stá—.

    Pues dice que la mare, la madre, pues… lo…, lo cuidaba, pero el niño era alto; es que, claro, el lagarto ya creció, el lagarto se... creció. Y entonces, pues ya están…, ya estaban | Llevaban muchos nervios, ya estaba ya grande. Y…, y de noche le dio —iba a dar agua al niño—, que se…, que se convertía en hombre. Se convertía en hombre de noche, de noche, se convertía en hombre. Entonces, la madre no lo sabía. Pero él se enamoró de una muchacha. Y…, y dicía la muchacha, dice: —Yo —dice— tengo un…, un…, un…, un hombre maravilloso—. Dice: —Es príncipe, es maravilloso—.

    Y la madre decía: —Hum...—.

    Dice: —Sí, pues es tu hijo. Es tu hijo.

    —¿Cómo va a ser mi hijo, si mi hijo es un lagarto?—.

    Y decía: —Pos sí, pos sí, es tu hijo—. Y dice: —De noche, truhán.

    Y la madre decía: —Pero tú no digas, le digas que no—.

    Dicía que ella se enamoró como si fuera lagarto, ¿no? [...].

    —Como tú digas que me ena-, que me vuelvo hombre, que me vuelvo persona, entonces no eres más especial.

    Y la madre disentía: —¿Cómo vas a querer a mi hijo? Si mi hijo, eso es imposible que tú quieras a mi hijo—. Le decía la madre.

    —Pues sí lo quiero.

    —Pero, hombre, por Dios, si mi hijo es un | no es persona, si mi hijo es un lagarto. Mi hijo no es persona.

    —Pues lo quiero—.

    Pero no se lo podía decir porque le había dicho que como | que no lo veía en la vida, que se desaparecía. Y… le | Que como le dijera | lo llevara a que la viera, se desaparecía.

    Pues ya la madre dijo: —No, tú me tienes que decir a mí que mi hijo es otra cosa, porque…—.

    Dice: —Sí, tu hijo es una persona maravillosa, pero tú no lo puedes ver.

    —¡Ay, por Dios! Yo sí que no lo veo, yo sí que no lo veo. Dormiendo, durmiendo. Cuando esté durmiendo.

    —Chiquilla, que no, —le decía a la suegra— que no puedes verlo.

    —Que sí, cuando esté durmiendo. A la hora que esté durmido, allí voy yo y lo veo—.

    Pues, ya le inisistió a la muchacha tanto, tanto. Tanto le…, la hostigó, que…, que fue y [...]

    —Acércate un poquito. Ven acá y lo ves—.

    Pero fue [...] y dijo: —No puede ser, —dice— porque como lo beses se despierta y ya estamos averigüás—.

    Y a la mujer tanta emoción le dio, le dio, le dio. Le dio tanta, tanta, tanta, que no pudo reaccionar y lo besó. Y, al besarlo, pues abrió los…, abrió los ojos y vio que estaba con su madre. Y entonces, como era un castigo de la madre, que llevaba…, que llevaba el castigo. Entonces, se fue. Se fue y ya no lo vieron ni ella ni él. Y ella le decía tos los días, la suegra le decía tos los días: —¡Ay, mi hijo lagarto! Tanto como te quería.

    Y le dijo…, le dijo…, él le dijo: —Desde el día hiciste tu ajuar, unos zapaticos de hierro. Antes de encontrarme tienes que destrozarlos. Fíjate si tienes que andar pa encontrarme. Pa…, pa…, pa encontrarme—. Le dijo a la novia.

    Pues la novia no le quedó otro remedio que ponerse los zapatitos de hierro. Ella andaba y andaba y andaba y andaba. Y [decía de este modo] por la carretera: —¡Ay, lagarto mío!, tanto como yo te he querío, que me dijistes que tenía que estrozar unos zapatitos de hierro —. Y ya los había gastao y se le veía un bujerillo al zapato, de tanto tiempo ya de andar. —De tanto como te he querío. Dijistes que tenía que estrozar unos zapatitos de hierro y ya los he estrozao—. Iba llorándole y contando aquello to…, to…, to’l camino. To’l camino diciendo aquello. Y…, y… cuando ya le salía el deo, que ya…, que ya asomaba el deo, se le apareció él. Y ya se apareció hecho un príncipe. Ya sí era el príncipe más guapo del mundo. Pa su madre y pa tos. Ya era un príncipe. Pero antes tuvo ella muchos años los zapatitos de hierro.

  4. Subcategoría

    1.2.1. Cuentos de magia