El grajo y la zorra [ATU 225+56A*]

Referencia: 
0321n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Maximiliana Nieto Romero
  3. Edad del informante: 
    80
  4. Localidad: 
    Ermita Nueva
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Martes, 18 Abril, 2017
  8. Notas: 

    La informante sesea y cecea en ocasiones.

    Comentario de José Luis Agúndez García:

    Dos episodios vienen a fundirse en la constitución de este cuento. Ambos tienen vida propia de forma aislada y podría suponerse que el narrador los ha unido caprichosamente.

    El primer episodio viene a ser una versión de uno de los cuentos de más larga tradición tanto oral como escrita. Refiere lo que les sucede a ave y zorra en su viaje aéreo, que siendo esta última invitada a unas bodas en el cielo y, yendo caballera en el ave (grulla, cigüeña, cuervo), es soltada en pleno vuelo. En la precipitación al vacío suele pedir a las piedras del suelo que se aparten y promete no ir más al cielo si sale con vida, lo que, en la cultura hispana, dio origen al refrán Si de esta escapo y no muero, nunca más bodas al cielo. Cuento muy bien determinado en todos los catálogos bajo el número 225. El índice general de Aarne-Thompson, como la revisión de Uther (ATU), lo sintetiza bajo el título de La grulla enseña al zorro a volar, concluyendo con que lo deja caer a tierra. Camarena y Chevalier prefieren que se recuerde como Las bodas en el cielo.

    El segundo episodio no está tan bien delimitado en los catálogos. La zorra está oculta en el suelo, dejando un ojo al descubierto, y sorprende al grajo cuando va a tomarlo por uva. La indefinición del narrador siembra dudas sobre el desenlace final, dejando al oyente la potestad de imaginarse simplemente al grajo chasqueado o bien ante la crueldad de su final en las fauces de la raposa. La acción de ocultarse no se antoja muy alejada a la de fingirse enfermo o muerto. En este caso, estaríamos ante un tipo muy general que Aarne y Thmpson sintetizan como El zorro finge estar muerto y atrapa al pájaro, tipo al que correspondería el número 56A*. Especifican que este no estaría constituido por nada más que ese simple episodio (motivo aislado K827.1)

    No es usual encontrar estos dos episodios engarzados. No hacen cuento con identidad propia como para ser registrado en los catálogos como historia compleja; pero su unión en una misma narración tiene coherencia: ambos flotan sobre un mismo tema y poseen un motivo de conexión. Esta conexión de los episodios resulta tan natural que no es la primera vez que surge, así en una versión publicada por Rodríguez Pastor, titulada El cuervo y la zorra, tal sucede. Esta versión bastante completa aclara un poco el final del grajo, ni tan trágico como cabría pensarse del tipo general de Aarne y Thompson ni tan bonancible como que todo quedase en una inocente broma. Después del viaje aéreo, llega el segundo episodio, la venganza:

    El cuervo iba acercándose, echaba un paseíto para un lado, otro paseíto para otro, hasta que se aseguró de que estaba muerto. Y cuando ya se acerca y la da un picotazo en el ojo, va la zorra y le agarró, le cogió del pescuezo, y empezó a darle, venga darle, venga darle […], le dio un meneo, hasta que le quedó sin una pluma. Y ya que le quedó sin una pluma, fue y le tiró, dice:

    —Anda, que te haga el sastre otro vestido, que este ya le tienes viejo.

    Y se acabó. (Cuentos extremeños de animales, p. 118)

    La venganza. La venganza es el motivo que justifica la intromisión del castigo al grajo en esta fabulación especial. Intromisión, intromisión por no esperada, pero muy bien lograda. La muerte fingida del zorro que captura al ave sin la motivación de la venganza no sería más que la mera cuestión de la astucia del zorro. Astucia que ejecuta en diversas hazañas como personaje de cuentos o fábulas, tanto para capturar al enemigo como para escapar de los lances comprometidos (Thompson K522). Hazañas que corrieron en ejemplarios, fabularios o sermonarios medievales, especialmente como arterías muy apropiadas para menoscabar el vicio de la hipocresía (Tubach 2176).

    Estas fabulaciones eran fáciles. Dominaba en la mentalidad la falsedad de la zorra, estaba establecido en la historia natural de los animales. En el límite entre fabulación y hecho de historia natural, véase el Enxienplo de la gulpeja: «La gulpeja quando ha gran fanbre façese commo muerta en tierra e saca la lengua ansi que viene el cuervo e el milano cuydando de fallar de comer. Llegasse a ella por comerlle lla lengua. Ella stonçe abre la boca e comelos.» (Libro de los gatos, LIII).

     Incluso el refranero amolda sentencias al respecto para dar acomodo y gravar en la mente tal concepto: Zorrilla, tagarnillera, hácese muerta por asir la presa. (Hernán Núñez, Correas), Zorrilla hartera, hácese muerta (Rodríguez Marín, Más de 21.000 refranes). Ninguno de estos paremiólogos glosa los refranes con fábula alguna; sin duda era una idea general sobre la historia natural de la zorra.

    No cabe duda de que es un acierto, casi una incorporación esperada, la entrada en acción de la astuta por excelencia para exigir expiación.

    Cabe decir que hay otros escenarios donde se dirime la enemistad entre la zorra y el ave con dos episodios articulados por la venganza y donde los motivos aquí expuestos no son ajenos, aunque sea imprescindible un reajuste en el reparto.

    En un nuevo marco aparece el zorro interpretando el papel de villano: obliga al ave a entregarle sus polluelos. El ave no tiene recursos naturales para resarcirse, así es que entra un tercer personaje en acción: el perro se presenta y se ofrece para castigar al cruel cazador: se entierra dejando un ojo al descubierto y es la propia zorra la que sufre el castigo tras confundir aquel ojo con una uva (tipo 56B).

    Otra ocasión surge tras un reparto injusto. La zorra y el ave acuerdan sembrar a medias, pero en el reparto la zorra se lleva la mejor parte. La venganza se desarrolla de forma idéntica a la anterior. El perro se hace cargo de castigar a la desaprensiva. El catálogo de Camarena y Chevalier nos presenta al galgo creando una hilera de uvas que van hacia él, escondido en la paja:

    —¡Ay, una uvita! ¡Ay, otra uvita! ¡Ay, otra uvita!

    Y así fue comiéndose todas las uvas que el galgo había repartido por el suelo. Luego vio el ojo del galgo, que parecía otra uvita, y fue a comérsela, diciendo:

    —¡Ay, otra uvita!

    Cuando el galgo salió de la pajera diciendo:

    —Pero no está madurita. (Tipo 9)

    De forma similar se asocia al tipo 56A, donde toma venganza del cuervo por aconsejar a las urracas.

    La recomposición de estos personajes y acciones en esta secuencia doble sostenida por la estructura de fechoría y venganza despliega, pues, de forma natural diversas posibilidades. Cabe, incluso, la opción de que el primer episodio, se aproveche como solución para la reparación. Y eso sucede con muchísima frecuencia. Entonces se recurre al cuento de La zorra y la grulla se invitan (tipo 60), cuento de enorme difusión en las literaturas oral y escrita. La zorra invita al ave a comer, y sirve la sopa en platos llanos: solo ella puede comer lamiendo. El ave pretende corresponder a la burla y devuelve la invitación: sirve la comida en una vasija de cuello estrecho: solo come ella introduciendo el pico. Pero la crueldad del ave es tal que no está satisfecha con esta venganza y ejecuta una nueva, recurriendo al episodio de Las bodas en el cielo.

    La difusión general de estos tipos es muy grande, basta recurrir a los catálogos generales, incluso, a los estudios de áreas reducidas para comprobarlo.

    El tipo 225 se registra en prácticamente todos los catálogos: ATU, Camarena-Chevalier, Boggs, Hansen, Robe, González Sanz, González Sanz (“Revisión del Catálogo…).Hernández Fernández, Beltrán, Beltrán (“Notes… Vall d´Albida i l´Alcoià”, nº 2), Noia Campos, Oriol-Pujol, Cardigos, Nascimento, El-Shamy, Espinosa (III, pp. 305-310), Agúndez (Sevillanos, nº 10), Camarena (Repertorio... Cantabria), Camarena (León, nº 55) Chevalier (nº 23).

    De la profusión del género habla la enorme cantidad de versiones registradas, por ejemplo, en el catálogo de Noia donde se reflejan tres docenas, el de Hernández Fernández, dos, lo que no es excepcional para otros índices.

    Podrían señalarse algunas versiones más, muchas de ellas articuladas con el tipo 60: Flores Moreno (Fuentes de Andalucía, nº 4), López (Aljarafe, nº 1), Ruiz Fernández (Campo de Gibraltar, 27), Martínez García (Levante Almeriense, núms. 3-4), Quesada Guzmán (Pegalajar, pp. 93-96; 116-118), Flores del Manzano (Mitos… Alta Extremadura, pp. 213-214), Domínguez Moreno (Alta Extremadura, núms. 6 y 8), Del Río (Cádiz, núms. 20-21), Rodríguez Pastor (Extremeños de animales, núms. 17-21), Clemente Pliego (Castellar de Santiago [C. Real], nº 1806), Nieves Martín (San Vicente de Alcántara, nº 802), Rubio Marcos (Burgaleses, nº 10), López-Linares (La memoria, pp. 88-90 [León], pp. 57-59 [Cuenca], pp. 155-157 [Cádiz]), Martín Criado (“Diez…”, RDTP, 284, p. 94a), Crespo Refoyo (Sayago, nº 10), Suárez López (Cuentos del Siglo de Oro… Asturias, núms. 6 y 23 [nueve versiones], Suárez López (C. medievales... Asturianos, nº 3 [dos versiones]), López Fernández (Cuentos... los Val.les, nº 12), Asensio (Riojanos, pp. 41-42 [con 56A], pp. 58-59 [cuatro versiones]), Argandoña-Zavala (Lezáun, pie de Sierra Andía, I, pp. 21-24), Otero Pedrayo (Historia de Galicia, I, p. 716), Vázquez-Monxardín (A Cultura..., 1.2), Pino Saavedra (C. mapuches de Chile, nº 18), Tavares K. (Dominicanos, pp. 46-48), Moutinho (Portugueses, pp. 150-151), Gil Grimau (Que por la rosa…, nº 6).

    Los motivos son universales, véanse, por ejemplo, las semejanzas con un cuento africano titulado La tortuga y la fiesta del cielo, de Basset (Cuentos populares de África, nº 169). Todos van a las bodas, pero como la tortuga tarda, una garza se ofrece. Cuando no ven el suelo, la suelta. Exclamaciones: «Si me libro de esta / nunca más bodas en el cielo… Alejaos, piedras y palos, si no, os romperéis», los palos se apartan, pero así perece.

    Sobre otros aspectos a comentar sobre este tipo, véase Agúndez, nº 10. Habría que añadir alguna fórmula paremiológica más en otros refraneros: Si de esta escapo, y no me muero, nunca mas bodas al Cielo (Caro y Cejudo, Refranes, p. 86), Si desta escapo y no muero, nunca mas bodas al cielo (Collins, con la correspondiente versión en inglés, en antiguo manual de lenguaje), ¿Gachas a estas horas, y vertidas en una losa? (Rodríguez Marín, 12.600 refranes: «Es la sabida fábula de la zorra y la cigüeña. Recuérdalo como refrán el que se llama a engaño». La mención rigurosa es al tipo 60, pero es frecuente, como se ve, unirlo al 225) Fuxe, laxe, que te parto. (López-Soto, “Sete catas”, p. 228). Señalar también la versión, como lectura didáctica, de (El libro de las narraciones…, pp. 197-198): El alcaraván y la zorra.

    El tipo 56A* no está tan bien definido en los catálogos. El general de Aarne y Thompson lo recoge bajo una descripción muy genérica, como se ha visto. Uther especifica que en algunas variantes se hincha como un globo para fingirse muerta o se finge tal cerca del gallinero para atraer a las gallinas. Camarena y Chevalier, por su parte, señalan las peculiaridades hispánicas: se finge muerta y espera la llegada del ave carroñera y lo atrapa cuando esta empieza a picotearla, generalmente empezando por el ano, o «aprisionándole la cabeza entre las nalgas». Esta última posibilidad, por ejemplo, es la que recoge el índice murciano de Hernández Fernández (con una única versión). Agúndez (Sevillanos, nº 5) identifica este episodio como fragmento del tipo 9. A las escasas versiones señaladas por Camarena-Chevalier, cabe agregar la de López (Aljarafe, nº 17).

    Sobre el fingimiento de muerte en la literatura medieval, compárese el motivo señalado por Tubach como 2176, así como Rodríguez Adrados M490, Goldberg *A2466.3., Keller y Thompson K827.4.

    Otros datos de la informante:

    Maximiliana Nieto es natural de Ermita Nueva, una pedanía de Alcalá la Real. Ha trabajado como maestra sustituta, profesora particular, profesora de bordado, bordadora y ha desempeñado tareas agrícolas.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.1. Cuentos de animales
  3. ¶: 
    Esto era un grajo y una zorra que vivían en una cueva. Y le dice la zorra al grajo:
    —Compae grajo—. Eran compadres. Y dice: —Compadre grajo, ¿quieres que vayamos a una boda al cielo? M’han dicho que se casa el niño Dios, y quiero ir a…, a la boda. ¿Tú te vienes conmigo?—.
    Dice: —Hombre, yo no puedo, porque yo no tengo alas pa volar—.
    Dice: —No te preocupes; yo te llevo en cuestas—.
    Se la echó en cuestas y echó a volar. Y cuando iban muy alto le decía:
    —Comae zorra, ¿se ve el suelo?—.
    Dice: —De grande, como una era—.
    Le dijo más p’allá, más p’arriba:
    —Comae zorra, ¿se ve el suelo?—.
    Dice: —Como la porra de un alfiler—.
    Dice: —Pues agárrate mu bien, que me pica mucho el ala—.
    Y empezó a rascarse el ala, y ya la zorra decayó. Cuando va pa bajo, decía:
    —Apártate, majano, que te empampano; acércate [¿…?]—.
     Y cuando el bajo…, el grajo bajó, creyó que la zorra estaba muerta. Y… iba por un | Y la zorra cayó en un murial, como decíamos antes, que había ahí estiércol. Se quedó enterrá en el estiércol, y no se le veía na más un ojo. Y iba el grajo por el estiércol buscando cosas pa comer. Y…, y le vio el ojo. Lo dice:
    —¡Uy, mira qué uva!—.
    Y le dijo la zorra: —No te la comas, que no está maúra.
  4. Subcategoría

    1.1. Cuentos de animales