El cura, el sacristán y las gachas blandas

Referencia: 
0517n
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Antonio López Melero
  3. Edad del informante: 
    70
  4. Localidad: 
    Peal de Becerro (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Manuel Rodríguez Arévalo
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 6 Junio, 2018
  8. Notas: 

    Nótese la similitud de este relato con el narrado por una informante de La Overuela, Valladolid (0350n).

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

    Agradecemos la colaboración de Miguel Cuadros Arias, responsable del Centro de Adultos de Peal de Becerro (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos del informante:
    Antonio nació en Peal de Becerro. Es pintor y ha emprendido proyectos como misionero laico.

  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    3.10. Anécdotas
  3. ¶: 
    [...] real, estando don Horacio aquí. Y estaba una mujer mayor que se llamaba Concha, que estaba sirviendo con don Horacio. Y además estaba María, la hermana de Cañamico, de Luis, la hermana, cuando estaba soltera estaba Concha y María allí, pa hacer la limpieza al cura y pa la comida y to. Y entonces, un día, pues el cura entra a la cocina allí, y estaba María preparando. Y dice:
    —Don Horacio, ¿qué es lo que hacemos de comer?—.
    Dice:
    —Pos lo que quieras. ¡Ah, lo que sea!—.
    Dice:
    —¿Hacemos unas poquillas gachas?—.
    Dice:
    —Pos sí, hacemos gachas—.
    Y entonces, el cura este, don Horacio, tenía la costumbre de, pa desayunar, en la alacena, cogía las puertas, me- │ se metía así y las puertas se las echaba así abiertas, entreabiertas; y ya empezaba a desayunar. Y..., y empezó María a hacer las gachas, y resulta que echó más agua que harina. Y Molina, que estaba allí, el sacristán, pues va y le dice │ Se fue el cura a la iglesia a decir la misa. Y le dice:
    —Molina, dame usted la..., la poquilla harina que hay ahí en la bolsa, en la tabla de la alacena—.
    Fue el hombre a cogerla y dice:
    —Pero si esto está cerrao, no...—.
    Dice:
    —Bueno, ya se ha llevao don Horacio la llave metía en el bolso de la sotana a la iglesia.
    —Pues ya ves —dice Molina, dice—. Pues voy a ver de qué manera lo arreglo—.
    Entonces llegó allí y estaba en el púlpito don Horacio, estaba haciendo la homilía y “hermanos míos”, en fin, allí haciendo su homilía. Y Molina dice: “A ver de qué manera le digo yo que me dé la llave pa que las beatas no se enteren”. Y empieza a cantar Molina allí en lo alto del altar:
    —Dice María la nostra
    que me dé usted la llave del harineu,
    que ha salío blandu el gacheu—.
    Y el cura lo pilló y dijo: “Pues ahora le contesto yo”:
    —Dile a María la nostra
    que le meta fofili, fofili,
    hasta que haga foquili, fojili—.
    Que le metiera leña, se consumía el agua y se cuajaba la gacha.
  4. Subcategoría

    3.10. Anécdotas