Las tres rosas del príncipe transitante

Referencia: 
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  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Amparo Moya López
  3. Edad del informante: 
    76
  4. Localidad: 
    Noguerones
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Francisca Moral Medina
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 18 Octubre, 2009
  1. Categoría:

    Narrativa
  2. Subcategoría: 
    1.2.3. Cuentos novelescos
  3. ¶: 

    Un hombre viudo que se casó con una mujer que tenía dos hijas y él una. Entonces, pues… iba de viaje y les dice:
    —Hijas, ¿qué queréis que os traiga de… del viaje?
    Dice la, la hijastra:
    —A mí un bonito collar de… de diam-, de perlas.
    —¿Y a vosotras?
    —Yo un bonito… | una bonita sortija… de diamantes.
    Dice: —¿Y tú, hija mía?— Le dijo a su hija. 
    Dice: —Yo… las tres rosas del príncipe transitante.

    Con que se fue el hombre, compró la sortija y compró el collar y ara no encontraba las tres rosas del príncipe transitante. Y venía muy triste pa su casa montao en el caballo y dice un hombre que se le apareció:
    —¿Qué te pasa?
    Dice: —Que no encuentro tres rosas que me ha pedio mi hija y no las he encontrado por parte ninguna.
    Dice: —Pues vete por ese camino y coge y llegas a un palacio. Y hay un león encima de una mesa sentao y tiene las tres cajetas de las tres rosas. Si ves que tiene los ojos mu abiertos, entras, las coges y te vas corriendo. Y si los ves que están los ojos naturales no vayas a entrar, que te… te… devora. 
    Y entonces, pues, fue el hombre, dio con el palacio y estaba el león con los ojos mu abiertos, cogió las tres cajetas y salió corriendo en el caballo y se fue.  

    Y cuando llegó a su casa les dio los regalos a las su… me-a las hijastras y a su hija. Y su hija, pues, se fue a la casa de donde era su padre y salió una vieja y le dijo:
    —Mira, a las doce de la noche enciendes un brasero con unas ascuas muy grandes y vas echando las rosas al… al brasero.
    Con que se fue la niña. Cuando llegaron las doce de la noche, destapa una cajeta, salió una rosa blanca, muy bonita, la echó al brasero y salió un príncipe mu guapo.  Dice:
    —¡Háblame! ¡Háblame! Que traigo cinco minutos de permiso.
    La niña se quedó anonadá y se fue, se evaporó. Y ahora pues dice:
    —Voy a echar la otra.
    Echa la otra que era color de rosa, más bonita todavía, y sale otro príncipe. Dice:
    —¡Háblame! ¡Háblame, que traigo diez minutos de permiso!
    Se quedó paralizá y tampoco le habló. Entonces diría:
    —Esta tengo que hablarle porque, si no, se van a ir tos y no… y no voy a hablar con ellos.
    Con que echó la otra rosa que era… color… era granate, muy bonita, y salió un príncipe todavía más guapo. Dice:
    —¡Háblame! ¡Háblame, que traigo quince minutos de permiso!
    Entonces dice ella: —¡Ay, que estoy asustá, que estoy asustá de lo que he visto!
    Dice: —Pues mira, no te asustes, que voy a venir ahora que voy a arreglar | te van a arreglar la casa y yo vendré toas las noches a verte a las doce de la noche.
    Y entonces se… | ya se evaporó y se fue.
        
    Y ahora ya empezó la casa a modificarse y se le puso la casa mu bonita. Y entonces, pues las hermanastras que iban a misa, dicen:
    —Mira, esta es la casa de la hermanastra ¿Y tan bonita como está?
    Dice la mayor:
    —Pues yo me voy a quedar esta noche a dormir con ella. A ver qué pasa aquí.
    Y se quedó a dormir. Y cuando a las doce de la noche venía el príncipe a hablar con ella por el tubo de cristal que había debajo de la cama, pues estuvo hablando y se quedó ella que no supo qué decir.  Y se fue a su casa y dice:
    —Mira, que viene un príncipe a verla por debajo de la cama, por un tubo de cristal que hay. 
    Y dice: —¿Y tú no le has hecho na?
    —Yo no.
    —¡Pues mañana me quedo yo!
    Y a otro día se quedó la otra. 

    Y cuando subía a las doce de la noche el príncipe el tubo de cristal arriba, le dio un testarazo, lo rompió y se le clavaron tos los cristales en el cuerpo. Y ya se quedó to como estaba de antes y ella llorando y llorando, se le apareció la vieja otra vez. Dice:
    —Mira, no llores. Te vas a vestir de peregrina y vas al cerrillo por ce- | por El Ponce, que hay un león debajo de un árbol. Si está con los ojos muy abiertos le pegas con el cuchillo, y se lo clavas y llenas una calabaza de sangre. Coges, y le quitas la piel, y te la llevas y un águila que hay en lo alto, le coges plumas, se las untas al príncipe y le quitas el pellejo y verás cómo se salva. 
    Con que pilló ella, se vistió de peregrina y se fue. Estaba el león allí en el tronco del árbol, le clavó el cuchillo, llenó su calabaza de sangre y el águila al asustarse se le cayeron las plumas, las cogió y se fue al palacio. Y dice:
    —Que vengo a curar al príncipe.
    —¿Y cómo lo vas a curar, si han estado aquí los especialistas mejores y no han podío curarlo? ¿Tú cómo lo vas a curar?
    —Pues dejadme que yo lo curaré.
    Y entonces dijo el rey:
    —Pues sí, dejadla que entre, de toas maneras se va a morir.
    Y entró, le llenó to el cuerpo de sangre, le lió el pellejo del león y… y cogió y se fue. Y a la na empezaron a salírsele tos los cristales, tos los cristales y se quedó como estaba de antes. 

    Y ella en su casa, pues cuando menos acordó, se le puso otra vez la casa como estaba de bonita y to. Viene el príncipe por la noche y dice:
    —Mira.
    —¿Qué te ha pasado?
    Dice que:—Mira, tu hermanastra que me clavó tos los cristales del tubo, y si no es por una peregrina no hubiera podido venir ya más, me hubiera muerto.

    Dice ella:
    —Pues mira, pues aquí está to lo que la peregrina llevaba el día que te curó.
    Le enseñó la calabaza, le enseñó la… | el traje de peregrina y dice:
    —Pues mira, sí que eres tú.

    Y entonces ya se casaron, y castigaron a las hermanastras, y ellos fueron felices y colorín colorao.

  4. Subcategoría

    1.2.3. Cuentos novelescos