Los trece novios

Referencia: 
1753c
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Evarista Pajares
  3. Edad del informante: 
    76
  4. Localidad: 
    Abastas
  5. Provincia: 
    Palencia, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 1 Enero, 1981
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00008 14)

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Los trece novios".

    Algunos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Cancionero de Palencia, t. I. de J. Díaz.

    Otros datos de la informante:

    Aunque Evarista es natural de Abastas, en el momento de la grabación residía en Añoza (Palencia).

  1. Categoría:

    Cancionero
  2. Subcategoría:

    9.3. Sobre el noviazgo
  3. ¶: 
    Y ahora les voy a cantar
    esta bonita habanera,
    pero deseo que estén
    con atención las solteras.
     
    Una soltera guasona
    las decía a las muchachas:
    —La que quiera gozar mucho,
    que esté siempre enamorada.
     
    Yo he tenido trece novios
    y no he querido casarme
    porque hay un refrán que dice:
    “El buey soto* bien se lame”.
     
    Voy a decirles los nombres
    de los novios que he tenido,
    y al que los quiera aprender
    puede aplicar el oído:
     
    Saturio, Santiago y Santos,
    Samuel, Sefo y Simeón,
    Serafín, Serapio, y Sipio,
    Silverio, Sisto y Simón.
     
    Se me olvidaba Silvino,
    hijo del señor Sotero,
    sobrino de un boticario
    que se llama Golsoferio.
     
    Yo quiero estar soltera
    y he tenido trece amantes,
    muchas no tendrán ninguno
    y desearán casarse.
     
    Con ninguno me casé
    porque eran muy desgraciados.
    Con ellos me divertía;
    solo fue pasar el rato.
     
    A Saturio no le quise
    porque era muy legañoso,
    y el pobre, cuando iba a verme,
    se limpiaba bien los ojos.
     
    Santiago era tuerto y cojo
    y, además, descolorido,
    que parecía su cara
    como un tomate podrido.
     
    Santos me quería mucho,
    pero yo le despreciaba
    porque huía del trabajo
    y, al ver trabajar, sudaba.
     
    Tampoco quise a Samuel,
    y era muy trabajador,
    pero gastaba el jornal
    antes de salir el sol.
     
    Serapio tenía chepa
    y la cabeza pelada,
    por eso yo no le quise,
    porque tenía esas faltas.
     
    Tampoco le quise a Sipio
    porque no tenía dientes,
    que se le cayeron todos
    por beber mucho aguardiente.
     
    Sisto era tartamudo,
    y el que más gracia me hacía,
    porque siempre que me hablaba,
    al oírle, me reía.
     
    Simón era muy rebelde;
    no respetaba a los padres
    y, por ser tan calavera,
    estaba siempre en la cárcel.
     
    Se me olvidaba Silvino,
    sobrino de un boticario,
    y a ese tampoco le quise
    porque era feo y muy chato.
     
    Ya he descubierto las faltas
    de los novios que he tenido,
    y creo que las solteras
    habrán puesto mucho oído.
     
    De trece novios que tuve,
    con ninguno me casé;
    les fui sacando el dinero
    y de ellos me aproveché.
     
    Ya se usa en España
    comer a cuenta de vos,
    por eso, ¡alerta, muchachas!,
    hacerlo así con los novios.
     
    Pero debo de advertir
    que, a descubrirse la trampa,
    antes que se enteren todos,
    marcharos pronto de España.