Hoy que con calma te sientas

Referencia: 
2071c
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Flor Frías
  3. Edad del informante: 
    75
  4. Localidad: 
    El Burgo de Osma
  5. Provincia: 
    Soria, España
  6. Recopilador: 
    Luis Díaz
  7. Fecha de registro:

    Viernes, 1 Enero, 1982
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00016A 22)

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Sobre deudas y salarios"

  1. Categoría:

    Cancionero
  2. Subcategoría:

    19. Textos oralizados y de autor
  3. ¶: 
    Hoy, que con calma te sientas
    y estás en tu cuarto solo,
    vamos a cuentas, Manolo;
    Manolo, vamos a cuentas.
     
    A mí el deber me asesina
    y hoy podré salir de apuros,
    y aquí están los veinte duros
    que me han dado en la oficina.
     
    ¡Y qué hermosos! no me atrevo
    a deshacer el montón,
    más que, ¡diantre!, la ocasión
    de que pague lo que debo.
     
    Pupilaje, está en la cuenta:
    cuarenta duros cabales;
    al sastre, doscientos reales
    y al sombrerero, sesenta;
     
    a mi primo Federico,
    tres duros, y a su señora,
    catorce, y a la planchadora,
    dos duros y un perro chico;
     
    seis reales, a don Andrés;
    cuatro reales, al portero;
    a Felipe, el camarero
    del Suizo, setenta y tres;
     
    cuatro duros, a Estudillo;
    al golpero, unas pesetas;
    al sereno, dos pesetas
    y un duro [¿en el esfaltillo?]
     
    Pues, señor, no hay más asientos
    ¡hajajá!, ¡venga la pluma!,
    vamos a ver lo que suma.
    ¡Qué atrocidad, mil seiscientos!
     
    ¿Es posible? ¡Santo Dios!,
    ¿habrá horror? ¡Esto me asusta!
    Nada, la cuenta está justa:
    mil seiscientos treinta y dos.
     
    Siento que llamen tuno,
    pero hay veinte y debo ochenta,
    ¿cómo se arregla la cuenta?
    Quedará a deber alguno.
     
    La patrona esta es
    la mejor de mis ingleses;
    no pago hace cuatro meses,
    puede esperar otro mes.
     
    Y que espere el sastre, ¡claro!,
    y lo mismo el sombrerero,
    que en par de todo el sombrero,
    en tres duros es muy caro.
     
    ¿Pagaré a mi primo? No.
    ¿Y a su señora? Tampoco.
    Pues, señor, me vuelvo loco,
    ¿pero a quién le pago yo?
     
    ¡Por fe!, Felipe, Estudillo,
    estos pueden esperar.
    Y ya se le voy a pagar
    al sereno, pobrecillo.
     
    Mas no, tampoco le pago;
    la distinción no es prudente;
    yo soy un hombre inocente
    y sé bien lo que me hago.
     
    ¿Faltar yo a nadie? ¡Jamás!
    Si hallara un medio oportuno,
    ¡dicha esté! Si pago a alguno,
    se ofenderán los demás.
     
    Está visto, esto no tiene
    arreglo de todos modos.
    Es mejor que esperen todos;
    les pagaré el mes que viene.
     
    Y a fe de formal y honrado,
    el mes que viene, lo juro,
    pagaré el último duro
    aunque me quede tronado.
     
    Y voy a comer,
    que eso es lo que debo hacer.
    Ya me duele la cabeza.
    ¡Madre, no puede uno ser
    hombre de delicadeza!