Cada cual arrima el ascua a su sardina

Referencia: 
1660c
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Rafael Jurado Ortiz
  3. Edad del informante: 
    Desconocida
  4. Localidad: 
    Baena
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    El informante sesea.

  1. Categoría:

    Cancionero
  2. Subcategoría:

    9.4. Retratos y escenas costumbristas
  3. ¶: 
    Cada cual arrima el ascua a su sardina
     
    —Ende el oriente al poniente,
    en lo que la luna baña,
    no se encontrará semilla
    más ridícula y más mala
    que las mujeres.
     
    Señores, hablo con susto de ellas.
    Son como un zarandilla,
    soberbias, desesperadas,
    amigo de quien las quiera
    y de estar bien apreciadas.
     
    Para estar con ellas bien,
    no hay cosa como elogiarlas,
    decirlas: “¡Señoras mías,
    Dios guarde a usted de sus gracias,
    que los ojos que usted disfruta
    valen más que toda España!”
     
    Hay otras que son feas y dicen:
    “¡Esa cara y ese cuerpo,
    vaya una mansión de gracia!”
    Y se ensanchan y se ponen
    como una esponja mojada.
     
    [Com.: Y ahora le contesta ella, que por eso cada cual arrima al ascua:]
     
    —¿Ha avisao usted el discurso?
    Pues sepa el señor pelapavas
    que [¿…?] de las mujeres
    no hace maldita falta,
     
    que nos quieran mucho menos
    y, si no, en hora mala
    estuvieran los hombres
    más allá [¿...?],
     
    más tranquilas las mujeres,
    vivirían más descuidadas
    en que ningún galopín
    con nosotras se casara
    para sufrir la pérdida
    amargosa y desgraciada,
     
    mientras el muy galopín
    lo poco que gana, gasta
    con golpes iguala él
    en bebida y en bullanga.